lunes, 6 de junio de 2016

Testimonios de Mujeres Valientes del Congo

Las cifras de violaciones sexuales y mujeres muertas en la República Democrática del Congo son estremecedoras y aunque desde que empecé el blog en 2008, he visto como se han sumado a esta causa periodistas, fotógrafos, activistas y ONG al rededor del mundo, los testimonios no cesan.
Lo único bueno de estos testimonios es que tenemos la certeza de que se trata de mujeres que pudieron sobrevivir y en muchos casos salir adelante a pesar de la tragedia.

Las fotógrafas Isabel Muñoz y Concha Casajús estuvieron en Bukavu haciendo cada una un trabajo independiente y estos son algunos de los testimonios que se recopilaron de las víctimas:


La historia de Zabulonda Mwin Elysée la cuenta ella misma: “Tengo 28 años y cinco hijos. Nací en Shabunda, a 350 kilómetros de Bukavu. Había conflictos en nuestra aldea y nos trasladamos a las pequeñas casas que construimos como refugio en el bosque. Al huir llegaron las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR) para atacarnos. Estaban mis padres, mis hermanos y hermanas… Los FDLR preguntaron por el jefe de la familia y se presentó mi padre y le obligaron a violar a su primera hija, que era yo. Mi madre estaba allí. Mi padre se negó. Lo decapitaron y lo descuartizaron. Nos dieron los trozos para que nos los comiéramos. Nos negamos, y mataron a mis hermanos. Quedamos mi madre y yo. Me violaron, no sé cuántos, introdujeron objetos en mi vagina, perdí el conocimiento y seguían violándome. Recobré el conocimiento y había cadáveres junto a mí: mis hermanos, también mi madre. Sólo quedaba mi abuela. En el hospital al que me trasladaron me dijeron que habían destruido todos mis órganos sexuales. No sabía cómo podía hacer mis necesidades, no sentía nada… Acabé en Bukavo, en Panzi, el hospital que se ocupa de las mujeres violadas. Estuve ingresada tres años, tuve múltiples operaciones. Me negué a regresar a mi aldea, no tuve fuerzas para hacerlo. Recuperé a mis hijos, a mi marido lo había perdido también. Me dijeron que no alzara peso, pero soy una portadora de objetos, tengo que hacerlo para sobrevivir, me siento muy mal, pero no tengo elección”.

Eugenie Bitondo: “Nací en Mwenda en 1967, estoy casada y tengo cinco hijos. En 2004 Mutebsi era el comandante en jefe militar y la guerra había comenzado en esa zona. Huimos de la guerra hacia Ngandu. En este conflicto murió mi marido, lo mataron en mi presencia. Entraron 14 militares y se le echaron encima porque él quería defendernos. Y los militares me cogieron y me violaron, uno tras otro, hasta siete. Desde entonces tengo dolores en las caderas, me destrozaron totalmente. Esto es el infierno y quiero anunciarlo a todo el mundo, a todo el planeta. En medio del campo, junto al río, cogen a las madres y las violan. No puedes salir de casa, porque ahí tampoco estás segura, derriban la puerta, se llevan lo que quieren y nos violan igualmente. No podemos salir a trabajar al campo, no tenemos nada de lo que podamos vivir, necesitamos ayuda para que puedan cambiar las cosas”.

Henriettre Kika: “Me violaron cinco rebeldes en el bosque. Iba al campo, cuando llegué me tiraron al suelo y me violaron, estaba agotada, no podía hacer nada. Mi marido intentó defenderme y los rebeldes lo mataron y lo descuartizaron. Después de atacarme me dejaron bajo un árbol. El ano y la vagina quedaron unidos, fue horrible ver los trozos del cadáver de mi marido junto a mí. Yo era como un animal, sangraba por todas partes, no podía tenerme en pie. Me llevaron a Kingulube y de ahí al hospital, por eso estoy viva. Soy madre de 10 hijos. El doctor encontró incluso trozos de madera adentro de mi vagina, no puedo volver a trabajar ni hacer nada. Si me ves por detrás tengo un bulto grande en el cuello, nunca tuve eso antes. No podía hablar ni comer, por eso me llevaron al doctor Denis Mukwege (leer: "El Doctor Mukwege y su Hospital") y estuve cuatro meses en el hospital. Después de muchos esfuerzos conseguí ponerme en pie. Ya no vivo con mis hijos y me siento inútil en la sociedad, olvidada y abandonada".

Mayuma Byantabo: “Tengo 46 años. Es realmente grave la situación que sufrimos. Un día salimos al campo, los niños se quedaron en casa, yo volví sobre las tres. Vi que la casa comenzó a arder. Los pequeños estaban encerrados dentro. Yo no podía entrar en la aldea, la tenían rodeada e intenté huir al campo. Pero me atraparon y me violaron. Yo ya sufría al pensar que mis hijos se habían quemado vivos en la casa y perdí el conocimiento. Dos días después, unas personas me recogieron y estuve una semana sin saber dónde me encontraba ni lo que había pasado ni lo que había sido de mis hijos. Me trasladaron a Bukavu para que me curasen. Mi marido, que no estaba con nosotros cuando sucedió todo esto, al enterarse me abandonó, me echó la culpa de lo que había sucedido. A mis padres los mataron en la aldea, a mis hijos los quemaron vivos, me encontraba sola en el mundo. Pienso que, de no haber sido por la guerra seríamos felices, estaríamos todos en la aldea con nuestros padres y nuestros hijos. Es la guerra la que ha traído todo esto.

Cheusi Kwasila Anne (profesora): "Estaba con mi marido, éramos comerciantes, llevábamos mercancías para vender en Baliga, para ello teníamos que atravesar una zona de bosque; llegamos vendimos nuestra mercancía y de regreso a casa, empezó a llover y nos refugiamos bajo un árbol, los dos con nuestro hijo. Aparecieron unos hombres con antorchas, llevaban armas, nos intimidaron y mi marido les ofreció el dinero de las mercancías que habíamos vendido. No quería el dinero, solo querían violarme y que mi marido y mi hijo lo presenciaran. Lo hicieron seis hombres y perdí el conocimiento. Introdujeron un cuchillo en mi vagina, me destrozaron por completo. Nos abandonaron a los tres, pero yo seguía inconsciente. Luego supe que violaron a otras 12 mujeres. Mi marido me trasladó a una población cercana, me atendieron y empecé a curarme. Pero él me abandonó porque había dejado que me violaran, decía que tenía que haberme resistido aunque me hubiesen matado por ello. Fui a Bukavu, al hospital de Panzi para que me curasen y no pude volver a mi aldea. Hoy vivo sola y me hago cargo de nueve niños. Hoy pido protección al Gobierno, que nos dé la paz. Sé que mi marido me dejó pero sé que él también estará traumatizado por la atrocidad que tuvo que presenciar".

El caso de las siguientes dos niñas es similar, acusadas de brujería:
Nadège, de ocho años. Lleva dos años en un orfanato. Es uno de los muchos hijos nacidos fuera del matrimonio. Su padre murió y su madre, con una vida desordenada, enfermó y falleció más tarde. Los vecinos la acusaron a ella y a sus hermanos de brujería. Su hermana se escapó y desapareció. A ella la salvaron llevándola a un centro de acogida. De lo contrario, seguramente la habrían matado.

Sifa también nació fuera del matrimonio, su madrastra la culpa de la muerte de su hermano pequeño de año y medio. Sifa lo tenía en brazos, se le cayó y se rompió una pierna. La madrastra la acusa de brujería y los vecinos, para salvarla de la tortura y de la calle, la mandan al orfanato.

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Fuentes: Casa África / El País España /

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